Pura y Limpia del Postigo | LAS GLORIAS DEL ARENAL EN UNA CALLE
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LAS GLORIAS DEL ARENAL EN UNA CALLE

Foto. Fernando Villareal

18 Oct LAS GLORIAS DEL ARENAL EN UNA CALLE

Foto. Hermandad de Las Aguas

Foto. Hermandad de Las Aguas

Y las hermanas volvieron a verse. Pasa en todas las familias, tan queridas, tan cerca y a la vez tan lejos. Cada uno vive embebido en sus quehaceres, con el tiempo justo y medido para aprovechar cada jornada y que te quede algo para el descanso. Cristo ha edificado la Iglesia en las familias, como transporte de su palabra que rueda a través de los tiempos de forma inexorable y sin embargo que pocas veces nos montamos en tan necesario vehículo. Que importante es la familia y que poco tiempo nos queda para ella.

Hasta que el Arenal tiene uno de esos días cumbre. La Virgen del Rosario de la Hermandad de Las Aguas se acercaba al Postigo del Aceite, dentro de su procesión anual y la Pura y Limpia allí estaba, como siempre, para recibirla. Podrá pasar siempre el tiempo que pase, que en los momentos señalados siempre tenemos a los nuestros.

Las dos glorias del Arenal, frente a frente, cara a cara, corazón con corazón. Ambas comunidades impulsadas por las oraciones de las familias del barrio en el siglo XVII, ambas erigidas Hermandad en el siglo XVIII, ambas Sagradas Imágenes talladas a mediados del mismo. Siempre tan cerca y a la vez tan lejos.

Este sábado volvieron a juntarse las familias, como corresponde a los días grandes del Arenal. La Virgen del Rosario encaró la Capilla del Postigo del Aceite para encontrarse con la Pura y Limpia Concepción. El «Bendita sea tu pureza…» fue el abrazo mas emotivo que ambas pudieran darse con la complicidad de todos sus hijos, como ese abrazo que le damos a nuestras familias y que llevan escrito con tinta invisible un «te echaba de menos».

El linaje es esa corriente de sangre que nos empuja unos hacia los otros, porque en definitiva venimos del mismo origen, somos lo mismo y buscamos lo mismo. Una fuerza tan sensible como impalpable, como el cordón umbilical que aunque no exista siempre nos seguirá uniendo a nuestras madres. Y este cordón tiene nombre y se llama Dos de Mayo.

Una levanta a pulso para que tuvieran tiempo de decirse todo lo que se quisieran y una despedida con el gesto cómplice de quien sabe que,  aunque se vean de tarde en tarde y por mucho tiempo que pase, la familia está a solo una calle.

Foto: Fernando Villareal.

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