Pura y Limpia del Postigo | El Primer Auge
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S.XVII-XVIII: El Primer Auge

Sea como fuere, sí es cierto que desde finales del s. XVII o al menos en el primer cuarto del siglo XVIII, ya debió existir algún tipo de Corporación más o menos organizada, como lo demuestra la lápida hoy anexa a la Capilla, en la que el Arzobispo D. Luis de Salcedo y Azcona concede cuarenta días de indulgencia “a los fieles que rezaren una Salve a la Pura Concepción”, y otro cuarenta a los que dieren limosna para “el culto de la Divina Señora, y rezaren por el estado de nuestra Santa Madre Iglesia”. La solicitud y concesión de este tipo de indulgencias supone, por el desembolso económico, que era necesario, y la propia voluntad de solicitarlas, algún tipo de organización, por lo que podemos suponer que la Hermandad, aún sin tener Ordenanza aprobada por la Jerarquía, ya mantenía vida pujante.

 

Pero es sin duda, a mitad del siglo XVIII, cuando esta Hermandad, asentada y probablemente necesitada de una reglamentación y reconocimiento de la Iglesia y de la sociedad, alcanza su primera época de esplendor.

 

No sabemos los nombres de las personas que impulsaron la creación definitiva; tan solo doña Josefa Tamaral, que fallece en 1784 y a la que la Hermandad entierra con gran solemnidad, es nombrada en las actas como fundadora.

 

No es de extrañar, que este impulso definitivo para la creación de la Corporación, viniera de la mano del segundo brote concepcionista de la ciudad, previo a la declaración del Patronato de la Inmaculada para España y América.

 

En 1756, la todavía no reconocida Corporación, solicita del Ayuntamiento hispalense, el Patronato de dicha Capilla, a lo que accede el Cabildo, y al año siguiente se la libera del tributo que pagaba por el sitio que ocupaba la misma, y que era de treinta y cinco cuartos mensuales. Esta renta, nos afirma más en la creencia anteriormente expresada, de que la Capilla no era otra cosa que una dependencia de los Diputados del aceite, propiedad de la ciudad, que al perder su función con el paso del tiempo, quedó para uso de la Hermandad.

 

Es alrededor de esta época cuando la Hermandad, segura y firme ya de la línea que pretendía seguir de amor y culto a la Santísima Virgen, debió de encargar la ejecución de la talla de la Pura y Limpia, pues en 1753 se contrata con Juan José González maestro entallador, la hechura del retablo de la Capilla, y es de suponer, que el dicho retablo serviría para entronizar la pequeña imagen de la Pura y Limpia que vendría a sustituir a la primitiva pintura mariana en torno a la cual surgió la Hermandad.